Seguidores

Cada hombre tiene dos posibilidades para resolver en una sociedad enferma. La primera es la más fácil. Y ahí actuaban los grupos armados. Matar, destruir, o sea, romper todo para hacer todo de nuevo. Exterminar. Esa es la posibilidad más fácil. La segunda posibilidad es la más difícil y es la de descubrir lo que somos en nuestro interior. Averiguar sobre nuestras miserias morales, sobre nuestras limitaciones, saber que somos nada más que seres llenos de miedos y fantasías. La verdadera valentía es la segunda. Primero, ejecutar la revolución interior y luego la exterior. Pero el fenómeno es invariable. Cuando la revolución interior es profunda y verdadera no hay tiempo para nada más.

viernes, 26 de junio de 2009



DEL DOS AL CERO


El mendigo analizando en pena

futuras probables decisiones
entre una princesa y una reina
entre un medio, la otra mitad
un entero, o la nulidad.

Noche de lujuria sin esconder
de palabras fuertes tatuadas en la piel
de confesiones severas que marcaron un ayer
de devoluciones formales, arriesgadas para ser
verdades absolutas capaces de sostener
cualquier castillo con el dedo de un pie.

Entre paratextos de un "te amo"
y adornos en el párrafo
le confesó que los días que él le había otorgado
fueron estupendos, todo un sueño logrado.

Él, con un temblequeo interior
le dijo lo mismo con otra canción
la diferencia es que ese estupor
a su cordura traicionó,
no sentía ni un gramo de lo que dijo
igualmente se atrevió.

La resaca de una mañana
después de una noche de compartir
con quien no tenía que compartir la cama
tomando su café reflexionaba
estaba en un apuro y decidió
(una decisión forzada).






A primera hora vio a su princesa
con la ilusión a cuestas
expresada en cada gesto, en cada mirada
tenía que decirle un secreto y no se animaba
tenía que enunciar esas palabras
tan crueles para tal aristocracia
simplemente decirle, que todo se terminaba.

A primera hora vio a su princesa
con la ilusión derrocada
hizo el esfuerzo y vio por enésima vez
en su rostro caer las lágrimas.

No suele ocurrir que la toga y el pueblo vayan del brazo
desde luego, aquí en mi tierra no
el mendigo en un flechazo
de esa doctrina disidió.

Cultivando interesado
por el arte del amor
diletante estudioso
displicente seductor.

Analizando el pasado crepúsculo
se percató de su gigante error
apresurado por el miedo y el terror
echó a la reina de su habitación
eligió a la princesa, pero ella se dio cuenta
de que algo andaba mal
paradoja del destino, del dos al cero en un parpadear.