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Cada hombre tiene dos posibilidades para resolver en una sociedad enferma. La primera es la más fácil. Y ahí actuaban los grupos armados. Matar, destruir, o sea, romper todo para hacer todo de nuevo. Exterminar. Esa es la posibilidad más fácil. La segunda posibilidad es la más difícil y es la de descubrir lo que somos en nuestro interior. Averiguar sobre nuestras miserias morales, sobre nuestras limitaciones, saber que somos nada más que seres llenos de miedos y fantasías. La verdadera valentía es la segunda. Primero, ejecutar la revolución interior y luego la exterior. Pero el fenómeno es invariable. Cuando la revolución interior es profunda y verdadera no hay tiempo para nada más.

miércoles, 26 de agosto de 2009



EN EL CAJÓN

Mas de mil estrofas escritas en el mismo bar
palabras que evocan tristeza y bienestar
compañía, amor, y soledad
presas de la inconciencia del derroche de libertad.

Mas de mil copas inclinadas por mi
tragos que brillan y cambian de sitio las cosas
danzas que no se bailan para ti
pequeñas penumbres olvidadas, incertidumbre del fin.

Mas de mil bondis tomados en la misma esquina
y mas de mil mares saboteando mis retinas
mas de una luna que se transforma en sol
en ese sol figurado que mencionamos como un dios.

Mas de mil amores y todavía mas desencuentros
mas de mil canciones sonando en mis entrañas
mas de mil heridas sangrando bien adentro
y mas de mil aspirinas para sobrevivir mañanas.

Mas de mil abrazos, honores y carcajadas
mas de mil suspiros descorchados
mas de mil fracasos y desolaciones
mas de mil domingos derrochados.

Mas de mil milongas, mas de mil rocanroles
mas de mil escapadas a otras ciudades ya sin fe
mas de mil noches desveladas
que suenan en el cristal de una taza de café.


Mas de mil sueños despiertos
mas de mil juegos inventados
mas de mil plumas malgastadas
mas de mil palabras al carajo.

Mas de mil gritos al viento
mas de mil silencios
mas de mil pinturas
que apagan lo que siento.

Las masas ahogan individualidades
apagan los cantos personales
esta montaña de cosas que tengo en el cajón
las voy volcando una a una en mi almohadón.

Y ese olor nauseabundo, agridulce, apetecedor
que sigue saliendo del cajón
mas de mil, me olvidaba, risitas traviesas
provocadas por mi querida doncella
que sigue estando en mi objeción.



Las acciones privadas de los hombres que de ningún modo ofendan al orden y a la moral pública, ni perjudiquen a un tercero, están sólo reservadas a Dios, y exentas de la autoridad de los magistrados. Ningún habitante de la Nación será obligado a hacer lo que no manda la ley, ni privado de lo que ella no prohibe.