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Cada hombre tiene dos posibilidades para resolver en una sociedad enferma. La primera es la más fácil. Y ahí actuaban los grupos armados. Matar, destruir, o sea, romper todo para hacer todo de nuevo. Exterminar. Esa es la posibilidad más fácil. La segunda posibilidad es la más difícil y es la de descubrir lo que somos en nuestro interior. Averiguar sobre nuestras miserias morales, sobre nuestras limitaciones, saber que somos nada más que seres llenos de miedos y fantasías. La verdadera valentía es la segunda. Primero, ejecutar la revolución interior y luego la exterior. Pero el fenómeno es invariable. Cuando la revolución interior es profunda y verdadera no hay tiempo para nada más.

martes, 22 de septiembre de 2009


ESE DÍA

Te nombro sin ganas, hablando sin palabras

viendo sin tu mirada, besando sin amor.

Llorando sin lágrimas, extrañando sin alma

cambiando de cara, escribiendo sin ilusión.

Filosofías de caravana, provocan mis carcajadas

saludos mediocres que la cordura esconden

repugnancia de botellas alumbrando mis estrellas

caminando no se a dónde, vagando sin pasaportes.

Así estoy desde aquel día en que escondiste tu sonrisa

robando ilusiones y alegrías de otras familias

abandonando todo por volver a verte bien

sintiendo aún el calor de tu alma en la cien.

Amando la esperanza y esperando al amor

desde que el sol se escondió

otorgándome chances para recuperar

el tiempo perdido, los momentos de hablar.

Que se olviden las cuestiones de la cabeza puede pasar

pero el corazón mantendrá la entereza propia de quien supo amar.

Y ese día el odio al destino me enseñó

a creer en el amor

ese día lo malo de la vida me mostró

lo bueno de tu corazón.

Ese día los gatos aullaron pero fracasaron

en su intento de calmar mi dolor

los años derrochados se transformaron

en dueños de mi desolación.

No le entono a nadie mas que a mi soledad

pues para entenderme tendrías que estar acá, en mi lugar

salir adelante a veces resulta jodido

pero por un lado te lastima, y por otro te da fuerza el destino.

Dejando las huellas marcadas en el camino

y las puteadas a dios con orgullo repetía

la injusticia de un andar anodino

y la ironía de quien no lo merecía.