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Cada hombre tiene dos posibilidades para resolver en una sociedad enferma. La primera es la más fácil. Y ahí actuaban los grupos armados. Matar, destruir, o sea, romper todo para hacer todo de nuevo. Exterminar. Esa es la posibilidad más fácil. La segunda posibilidad es la más difícil y es la de descubrir lo que somos en nuestro interior. Averiguar sobre nuestras miserias morales, sobre nuestras limitaciones, saber que somos nada más que seres llenos de miedos y fantasías. La verdadera valentía es la segunda. Primero, ejecutar la revolución interior y luego la exterior. Pero el fenómeno es invariable. Cuando la revolución interior es profunda y verdadera no hay tiempo para nada más.

lunes, 15 de febrero de 2010


Otro Portella della Ginestra

Busca su año planetario dentro de un frasco onírico
Y ve caer sus sueños apenas asoma un sismo
Blasfemando posiciones, anécdotas y movidas así
Cae en la cuenta que no es más que una sombra vil.

Al alba de otro domingo gris
Aullando se va sin quererse ir
Escuchando boludeces que no quiere oír.

Su interior arde y no ayuda la ginebra
Sin quererlo va llevando su alma
A otro Portella della Ginestra.


Entre bostezos y malestar
Se esfuma toda su esperanza
De todos modos al igual que ayer se levanta
Y se recuerda: “nunca me voy a cansar”.

Al alba de otro lunes marrón
Repara todo lo que rompió
Diciendo boludeces para sentirse mejor.

Su interior arde y ya no ayuda la grotesca
Compasión de sus pares
Sin quererlo va llevando toda su obra maestra
A otro Portella della Ginestra.

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