Seguidores

Cada hombre tiene dos posibilidades para resolver en una sociedad enferma. La primera es la más fácil. Y ahí actuaban los grupos armados. Matar, destruir, o sea, romper todo para hacer todo de nuevo. Exterminar. Esa es la posibilidad más fácil. La segunda posibilidad es la más difícil y es la de descubrir lo que somos en nuestro interior. Averiguar sobre nuestras miserias morales, sobre nuestras limitaciones, saber que somos nada más que seres llenos de miedos y fantasías. La verdadera valentía es la segunda. Primero, ejecutar la revolución interior y luego la exterior. Pero el fenómeno es invariable. Cuando la revolución interior es profunda y verdadera no hay tiempo para nada más.

martes, 12 de enero de 2010


TREN SIN ESTACIÓN

Quisiera saber qué tenías cuando tiraste ese all in
Y a mí que siempre me sobran las cartas
Esta vez me faltaron agallas.

Y por lo tanto escupí en aquel árbol
Que alguna vez le dio sombra a nuestro beso
Y entre borracheras, viajecitos, psicodelias
Se me olvidó que aún te quiero.

Tu locura no era transitoria
Y la mía era muy peligrosa
Siempre me dijeron, que en historias de cuerdos
Alguien siempre termina enloqueciendo.


Así que me subí a tu tren sin estación
Donde parar y terminamos en la cama
Yo te acariciaba el corazón
Y vos me regalabas esperanzas.

Tu mirada adocenaba mi pensar
Me obligaba a sentir y nada más
Yo no podía ofrecer salvaciones
Vos apostabas siempre a las tentaciones.

Raro en mí, que soy de caer
Esta vez pude decirte “hasta acá”
Vos insistías con enloquecer
Yo a esa altura necesitaba un centro asistencial.

Y por lo tanto escupí en aquel árbol
Que alguna vez le dio sombra a nuestro beso
Y entre borracheras, viajecitos, psicodelias
Se me olvidó que aún te quiero.