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Cada hombre tiene dos posibilidades para resolver en una sociedad enferma. La primera es la más fácil. Y ahí actuaban los grupos armados. Matar, destruir, o sea, romper todo para hacer todo de nuevo. Exterminar. Esa es la posibilidad más fácil. La segunda posibilidad es la más difícil y es la de descubrir lo que somos en nuestro interior. Averiguar sobre nuestras miserias morales, sobre nuestras limitaciones, saber que somos nada más que seres llenos de miedos y fantasías. La verdadera valentía es la segunda. Primero, ejecutar la revolución interior y luego la exterior. Pero el fenómeno es invariable. Cuando la revolución interior es profunda y verdadera no hay tiempo para nada más.

miércoles, 22 de febrero de 2012

Tartamudeando consignas que nadie quiso escuchar



La luna alumbrando sutilmente la escenografía
de los que aún se le atreven a las noches por acá
el frío perforando sueños que escalofrían
de quienes ya no se atrevieron más.

Preguntas con aroma a alcornoque que supo cubrir
el olimpo del tinto, la yugular que perforé
Vueltas de la vida que me arrimaron hacia aquí
y muchas primaveras que hace tiempo olvidé.

Calles de tierra, basura, algún obrero del cartón
la alfombra roja que nos da la malvenida
la noche ya no es nuestra, y el tiempo contraríandonos
mejor distraerse que huelen la adrenalina.



El pasivo nos sobrepasó en esos años dorados
la cuenta vino cargada y ahora hay que garpar
no sirven lamentos, ni recuerdos, ni retratos
correr no es opción, el plomo no entiende de azar.

El sol avispando carnavales de gurises enfermos
El firmamento se abre y recibe inocentes
Ahora no como, y casi ni duermo
El doctor dice que ya no soy gente.

Irrecuperable, sin vuelta atrás
hacia adelante un abismo de sal.